La tecnología Blockchain surgió originalmente en 1991 como una propuesta para resolver problemas de privacidad y seguridad en los pagos digitales. Sin embargo, su momento clave llegó en 2008, gracias a un usuario con el pseudónimo Satoshi Nakamoto, quien la empezó a usar para crear una infraestructura segura y agilizar los procesos burocráticos de certificación de información, dando lugar a una nueva criptomoneda nombrada como bitcoin.
Este sistema de almacenaje de información triunfó, entre otras razones, por la dificultad de ser hackeado. Su nombre, "cadena de bloques", proviene de su estructura compuesta por tres elementos clave en cada bloque: primero, la información específica de la propia obra; segundo, un hash, que es un identificador único e irrepetible del bloque; y tercero, el hash del bloque anterior. Esta conexión entre cada bloque y su predecesor asegura que toda la cadena esté interconectada de manera segura.
La dificultad de hackear el sistema radica en que el hash está en constante cambio con cada actualización. Así, la seguridad y verificación no dependen de una entidad central, sino de los mismos usuarios de la red, los cuales validan la información. Al ser un código de fuente abierta, cualquier persona puede unirse al sistema para utilizarlo o para crear nuevos bloques, siendo recompensado con bitcoins por su contribución. De este modo, Blockchain garantiza la integridad de la información intercambiada entre millones de ordenadores sin necesidad de intermediarios.